Juan Prim

Juan Prim

El reinado de Isabel II tocaba su fin. La crisis del moderantismo era evidente y sus principales representantes, Narváez y O´Donell, habían fallecido. La reina se había quedado sola.
Tras la firma del Pacto de Ostende que no perseguía otro objetivo que el de acabar con Isabel II y crear un nuevo orden a través de unas Cortes Constituyentes, el 19 de septiembre de 1868, las tropas al mando del almirante Topete, se sublevaron contra el gobierno de Isabel II en la que se conoce como Revolución Gloriosa. Ante esta situación la reina se exilió a Francia.
Se creó un gobierno provisional y posteriormente se celebraron elecciones a Cortes, obteniendo la victoria la coalición de progresistas, demócratas y unionistas. La principal medida sería la elaboración de la Constitución de 1869, de corte liberal demócrata. Dicha constitución contemplaba que la forma de gobierno debía ser una monarquía constituyente, de modo que se hacía necesario buscar un nuevo monarca para ocupar el trono español.
Gracias al general Prim y a sus gestiones, el elegido será Amadeo de Saboya que contará con la oposición de republicanos, alfosinos, carlistas y los sectores populares.
Pero lo que realmente perjudicó al nuevo monarca fue la muerte de su principal apoyo, el general Prim, que al parecer y tras unas recientes investigaciones, se confirma que pudo ser “rematado” después de sufrir un atentado. Los surcos encontrados en su cuello hacen pensar en un posible estrangulamiento. Los interesados en la muerte del general se aseguraron de su total desaparición. Los indicios apuntan al general Serrano y al Duque de Montpensier como los principales dirigentes de la conspiración. A la muerte de Prim hay que sumar la desintegración de la coalición gubernamental que dejó al monarca “solo ante el peligro” y sin apoyos para dirigir el país.
En febrero de 1873 Amadeo de Saboya renunciará al trono español dejando paso a un nuevo periodo presidido por la proclamación de la I República española.
Eva Nestares

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