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Queda inaugurada una nueva sección en el blog, “Mujeres de la Historia”.

Me ha parecido imprescindible dedicar un apartado especial a las mujeres que destacaron, o no, y que ayudaron con sus actuaciones a escribir nuestro pasado. Es necesario darles la importancia que se merecen pues en ocasiones son las grandes olvidadas por el simple hecho de ser mujeres en épocas dominadas por los hombres, pero no debemos olvidar que en muchos casos sus decisiones fueron definitivas para que un acontecimiento se desarrollara de una manera u otra.

Empezaré con un personaje que me apasiona, una reina tan querida como criticada pero sin duda fascinante. Seguramente que todos habréis oído hablar de Juana I de Castilla, o más bien, Juana la Loca pero, ¿conocemos su historia?

Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479, hija de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, recibió el encargo de reinar sin esperarlo y probablemente sin quererlo pero, ¿podía negarse? Evidentemente no, era su deber hacerse cargo de tan pesado compromiso y seguramente no estaba preparada para ello.

Aunque oficialmente fue reina de Castilla y Aragón, la realidad era otra pues tanto su esposo, Felipe el Hermoso, como su padre, Fernando el Católico y finalmente su hijo, el emperador Carlos V, actuaron y gobernaron por ella, ¿el motivo? Juana estaba loca o quizás era lo que interesaba a quienes querían gobernar en su nombre.

Contrajo matrimonio a los 16 años con el archiduque Felipe de Austria, fruto de la política exterior de los Reyes Católicos. Como sabéis, los matrimonios eran concertados en función de los beneficios que pudieran reportar a la Corona y en la mayoría de casos no eran del agrado de los contrayentes. Sin embargo, la atracción de Juana y Felipe fue mutua pero Juana cometió un error, enamorarse apasionadamente, pasión que no fue correspondida por Felipe que se dedicaba a picotear entre las damas de la Corte. Juana moría de celos, unos celos enfermizos que le hacían actuar de un modo exagerado y dudoso y que facilitaron la atribución y diagnóstico de su locura.

En 1504 muere Isabel la Católica y Juana es nombrada reina propietaria de Castilla y León aunque su padre, Fernando, sería regente en caso de confirmarse la incapacidad de Juana. Su marido trató por todos los medios que las Cortes declararan dicha  incapacidad y así hacerse con la legitimidad de la Corona de Castilla, pero las Cortes no accedieron a ello.

La “locura” de Juana se intensificó a la muerte de su esposo y su padre tuvo que asumir la regencia.

En 1516 fallece su padre y Carlos I, su hijo, tomó el título de rey de Castilla y Aragón, pero Juana nunca fue declarada incapaz por las Cortes castellanas ni se le retiró el título de reina.

Estuvo encerrada en el castillo de Tordesillas (Valladolid)  desde enero de 1509 y allí permaneció hasta su muerte, el 12 de abril de 1555.

¿Era Juana una loca? Juana fue reina pero también mujer, una mujer enamorada, acorralada en un mundo de hombres, engañada y desesperada. Traicionaba por aquellos que debían apoyarla, abandonada y abocada al cautiverio y al olvido.

¿Hasta qué punto interesaba que estuviera loca? Los intereses políticos de su padre, su marido e incluso su hijo la convirtieron en un problema y convenía mantenerla al margen de los asuntos de Estado, ¿locura o estrategia política?.

Loca o no, Juana nunca dejó de ser reina, puede que fuera una locura de amor, una locura interesada pero la verdad es que esa la locura la convirtió en leyenda.

 

Como sabéis, uno de mis temas de investigación es el estudio de la historia a través de la series de TV así que os recomiendo encarecidamente las serie “Isabel” ,de TVE, en la que aparece reflejada la “locura” de Juana.

No puedo dejar de recomendar también la película dirigida por Vicente Aranda y protagonizada por Pilar López de Ayala. Juana la loca (2001).

Si alguien prefiere la lectura, podrá conocer a la “reina loca” en esta obra:  Manuel Fernández Álvarez. Juana la loca. La cautiva de Tordesillas. Ed. Austral. 2010

 

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